El dialogo interior: es la voz que a todos los seres humanos nos dice lo que hemos de hacer en todos los momentos de nuestra vida, en situaciones nuevas y en las rutinarias, aunque en éstas últimas nos dejamos llevar en ocasiones por el hábito, digamos que solo supervisamos nuestra actitud en relación a la situación que se nos plantea.

Desde Riesco M Psicólogos, sabemos que este dialogo se forma en parte por nuestra herencia genética, en parte por las experiencias vividas, principalmente en periodos de tiempo conocidos como “troquelado” en los que los hábitos comienzan a formarse principalmente infancia y adolescencia y en parte también por diferentes mecanismos neuronales provocados por la situación concreta.

Tenemos que entender que las ideas que pueden pasar por nuestra mente no las podemos controlar, van y vienen, si se afianzan en nosotros es porque nos fijamos en ellas, les hacemos caso, generando problemas como la ansiedad o la depresión.

Nuestras emociones dependen de nuestros pensamientos y en nuestros pensamientos mandamos únicamente nosotros, nuestra mente.

Haz la prueba

Intenta pensar algo diferente de algún hecho concreto en tu vida, algo a lo que temas, algo que te produce una reacción emocional desagradable, piensa en otras opciones, en otra posibilidad que pudiera haber acontecido en esa situación, lo tienes que hacer de modo creíble que tú te lo creas realmente, no vale el pensar algo sin creértelo realmente pues eso no funcionaría y a modo de prueba comprobarás que las emociones y sentimientos que te embargaban con el solo hecho de pensar en ello, te cambian.

Los sentimientos te cambian y no te cambia tu forma de ver las cosas,  tu forma de ser, el “yo soy así” continuarás siendo como eras.

Cuando ese dialogo interno nos limita, no nos deja libertad para expresarnos, lo primero que tenemos que hacer es ser conocedores de esa coacción, es cierto que llevas toda la vida pensando así, pero eso no te garantiza que esa creencia sea infalible.

Al ser conscientes de ello podemos ponerla en cuestión, podemos cuestionar nuestras creencias de siempre y ello no quiere decir cambiarlas pero si quitarles ese halo de infalibilidad, si cuestionarlas, nadie tiene la razón por el hecho de ser suya la idea.

Tenemos que ser conscientes de que en el transcurso de nuestra vida vamos a tener ocasión de enfrentarnos con situaciones de todo tipo, las fáciles y asumibles: sin problemas.

Las intermedias que requieren cierta concentración: las solventaremos con mayor o menor éxito; luego están aquellas situaciones más complicadas en las que no tenemos preparación para solventarlas en las cuales podemos pedir ayuda o simplemente las dejamos sin solucionar, salvo casos excepcionales.

Y por ultimo, hay una serie de hechos que no tienen solución por mucho que intentemos cambiarlos: si va a llover o no, si vamos a tener un día estupendo de playa, etc, pero son situaciones que no dependen de lo que hagamos y lo mejor que podemos hacer es: aceptarlas.

Ha habido y hay algunas personas que estaban todo un tiempo de mal humor porque habían observado que el asfalto de las carreteras estaba en mal estado, a consecuencia de ello se le había pinchado una rueda, por ello había llegado tarde al trabajo, su jefe le había dicho cosas muy serias, él se veía ya en la calle, todo eso unido a una sensibilidad acusada de otros tantos aspectos de su vida que no le satisfacían y como resultado …  empeoramiento de su calidad de vida.

La psicología cognitiva nos dice que es lo que debemos hacer ante los tremendismos y exageraciones en las que de manera habitual caemos cuando nos dejamos llevar por las exigencias de nuestro entorno, de los objetivos que hay que cumplir, porque si no, simplemente no estás a la altura o lo que es lo mismo, que no eres capaz, que no vales.

Cuando se dan estos casos, lo más racional es ponerte en la peor situación posible, visualizarte en lo más bajo que te quieran poner: si sientes que tu mujer te va abandonar porque no la ves feliz, porque en tu cabeza se ha forjado la idea de que vuestra relación no tiene futuro independientemente de que sea verdad o no, pero tú estás convencido de ello, colócate, visualízate en que efectivamente te abandona…

¿Cómo va a ser tu vida en adelante?, ¿Qué harás?. Pregúntate si podrás seguir siendo persona, podrás hacer proyectos que siempre has tenido en mente ¿Se acabará el mundo?

Si has tenido un accidente, te has quedado parapléjico, que es lo que pasará por tu mente en casos así, ¿merecerá la pena vivir? ¿Te querrá alguien o todos te tendrán lastima? ¿Podrás, en silla de ruedas hacer algo que te ilusione, que te realice? Sabiendo que solo tienes esta vida para jugar.

Ha habido y hay ejemplos de personas como tú no superdotados, que han tenido estos infortunios y llevan una vida normal, otros llevan una vida plena de proyectos, ilusiones y ganas e incluso hay otros “locos” que dicen sentirse agradecidos por haber tenido ese accidente, de modo contrario nunca hubieran descubierto de lo que son capaces.

Todo está en nosotros, todo está en nuestra mente, podemos ser prodigiosos o no.

En las evaluaciones que realizamos de todo cuanto pasa por nuestra vida, porque si nos paramos a pensar un momento evaluamos todo cuanto pasa por nuestros sentidos: será conveniente para mí esto que estoy viendo u oyendo, ¿esto que estoy transmitiendo llegará a entenderse bien?

Pues bien, de todas las evaluaciones que realizamos, para tener una buena salud mental es preciso ser consciente de aquellas en las que exageramos de manera habitual lo que nos sucede de malo, lo exageramos inconscientemente de manera habitual porque nos hemos habituado a ello y porque como nos decimos a nosotros: “somos así”.

Normalmente no podemos cambiar de golpe nuestra manera de pensar, nuestra manera de ser, igual que se instaló en nuestro cerebro progresivamente así tiene que ir desapareciendo y el primer paso es “el ser consciente de ello” el ser consciente de que lo que se nos acaba de ocurrir es una exageración que no se corresponde con la realidad, ¿podremos cambiar nuestra manera de pensar a la no exageración? ya se verá, pero la psicología cognitiva nos dice que siendo consciente de ello, nuestro cerebro de forma inconsciente tiende a la normalidad.

Si cuidamos en nuestra vida social lo que decimos a los demás, para que no se ofendan, para que no nos repercuta, porque no cuidamos lo que nos decimos a nosotros mismos, nuestro dialogo interior, aquel por el que guiamos nuestra conducta, hay que pensar en ello.

Manuel Pedraz Riesco

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